La moda de 1890
La moda de la década de 1890 responde a los esquemas de todo el siglo XIX, pero en ella comenzamos a identificar los primeros atisbos de liberación y relajación que escalarán a cotas inimaginables en el siglo XX. Así, aunque en la época en la que tiene lugar la acción de la novela Sonó un violín en París seguimos hablando de corsés, vestidos y capotas o camisas, pantalones y sombreros de copa, la ropa deportiva y las nuevas siluetas imposibles irrumpen en los roperos de las personas pertenecientes a las clases pudientes. París, que ya se postula como capital de Europa, es el centro de la moda.

Moda masculina
Ropa interior
Camiseta interior
Eran de lana, seda o franela.
Camisa
Existían diferentes tipos de camisa en función del tipo de conjunto, es decir, si era para el día a día, si era para vestir o para hacer deporte. La camisa cotidiana era blanca y tenía puños. Para vestir con el esmoquin o frac en una ocasión especial, se usaban camisas blancas de lino o piqué, dejando dos botones negros a la vista y con la pechera lisa. El cuello se almidonaba hacia arriba. Eran camisas que se ponían por la cabeza, pues solo a final de la década se introdujo, desde Estados Unidos, la camisa abotonada. En el ámbito deportivo, la moda de Oxford popularizó el uso de camisas a rayas y cuellos hacia abajo “tipo polo”.
Calzones
Eran de lana. En esta década se introdujo la distinción con los calzoncillos, que, a diferencia de los calzones, terminaban por encima de la rodilla.
Camisa y calzones. 1880-1900. Victoria and Albert Museum
Calcetines
En este momento, era común utilizar tirantes para mantener los calcetines en su sitio.
Ropa exterior
El mundo de la moda masculina siguió respondiendo al esquema de traje de chaqueta en sus diversas formas, tendencia nacida a principios del siglo XIX y que sobrevivió a esa centuria. En algunas permearán la relajación e informalidad nacidas en el contexto de la ropa deportiva.
Traje de día. Británico. 1894. MET Museum
Traje formal. Americano. c.1888. MET Museum
Chaqueta
En las actividades de mañana, el tipo de chaqueta más usado tenía botones hasta la zona superior del torso y corte curvo en la zona de la cadera. Es en esta época cuando, en Inglaterra, comenzó a utilizarse la chaqueta corta o americana. En los eventos de noche, se empleaba el frac, pero comenzó a popularizarse el uso de esmoquin (smocking jacket o dinner jacket) para ir al salón de fumar o a comer al club. Las levitas, tan populares a inicios del siglo, quedaron relegadas al uso de algunos de los caballeros de mayor edad.
Chaleco
Era opcional. Se sabe que, en el verano de 1893, especialmente caluroso, se introdujo la faja como alternativa al chaleco.
Chaleco. Década 1890. Probablemente americano. Met Museum.
Pantalones
De pinza. Entre los jóvenes, la moda era llevarlos con una vuelta.
Abrigo
Uno de los modelos más populares, introducido ya a mediados del siglo, fue el Chesterfield, que se fue alargando con el tiempo. Uno de sus rasgos característicos era el cuello de terciopelo y el ligero entallamiento. Contaba con dos bolsillos con solapa y uno para billetes sobre el pecho. Aunque el Chesterfield tuvo distintas formas, continuaron teniendo lugar en el ropero el redingote o el abrigo tipo capa.

Abrigo chesterfield. c.1900. Jno Mitchell Co. 1910Wikimedia Commons

Redingote. 1890. Victoria and Albert Museum
Complementos
Corbata y otros
Se llevaba más larga en actividades diurnas. En la década de 1890, se puso de moda el nudo a cuatro manos. También se usaba el pañuelo-corbata y la pajarita en conjuntos de verano.
Sombrero
Para los conjuntos de mañana, se generalizó el uso del canotier. Para las ocasiones formales, no obstante, se usaba el sombrero de copa (aquí, el I+D+i introdujo la versión del sombrero de copa plegable, más cómodo para guardarlo al llegar al teatro). Así mismo, existían otras alternativas de sombreros de ala estrecha y más pequeños, como los bombines, y también las gorras de pico.

Canotier. c.1890. Gran Bretaña. Victoria and Albert Museum
Sombrero de copa o top hat. c.1890. Victoria and Albert Museum
Calzado
Uno de los más populares, y que llevaban usándose ya unas décadas, eran los botines de cuero. Así mismo, desde mediados de la centuria, había irrumpido en los zapateros de los varones el zapato tipo Oxford. Algunos empleaban mocasines, que en los años 90 del siglo XIX, se estilaban con punta cuadrada. Otros, el derby, un tipo de zapato de cordones.

Par de botas. 1890-1900. Victoria and Albert Museum

Zapatos tipo mocasín. c.1890. Met Museum
Cabello
Lo más habitual era llevar el pelo corto y peinado con la raya en un lado. En general, los rostros se rasuraban por completo o dejando ver un cuidado bigote. Algunos caballeros de mayor edad lucían barbas más pobladas, pero siempre cuidadas.

George Peel. Cyril Flower. 1890. Wikimedia Commons

Retrato de sir George Lewis. F. Hollyer. c.1890. Victoria and Albert Museum

Calvin Coolidge. 1891-1895. Wikimedia Commons
Moda femenina
Ropa interior
Camiseta interior
De lana o seda.
La combinación
Fue una de las grandes innovaciones en la indumentaria interior femenina de finales del siglo XIX. Sustituyó a la camisa. Solía ser de lana, seda o muselina y los bordes se ribeteaban con encaje. Esta prenda se quedará en los armarios de las mujeres y entrará en el siglo XX.
Combinación. 1875-1899. Victoria and Albert Museum

Combinación. c.1905. Victoria and Albert Museum
Enaguas
Durante la década de 1890 pasaron de ser de colores a blancas. En cualquier caso, también se ribeteaban con encajes, buscando que fueran estéticas si se veían en algún momento por debajo de la falda.
Enaguas. 1870-1890. Met Museum.
Corsé
Se acortó con respecto a las décadas previas y aumenta la decoración a partir de encajes y lazos. Apareció una tendencia solo seguida por algunas mujeres que fue la de la silueta del reloj de arena, bastante controvertida ya en la época y que forzaba el mecanismo del corsé al límite para crear cinturas mínimas.
Corsé. c. 1890. Met Museum.

Combinación con corsé. c.1895. Victoria and Albert Museum
Camisola
Eran con cuello alto y cerrado para el día y con cuello bajo y en V para la noche.
Camisola. 1889. Met Museum
Medias
Para actividades diurnas solían usarse de algodón y, para eventos formales, de seda. En ambos casos, el color predominante era el negro.
Ropa exterior
Vestidos
En la década de 1890, estaba de moda el cuello alto, tanto para atuendos de mañana como de noche. Sin embargo, algunos vestidos formales sí tenían escote. Las faldas eran largas y tenían forma de A. Se ajustaban a la cintura y a las caderas. Uno de los recursos decorativos que también se empleaba en ellos era el encaje, ya visto en las prendas interiores, así como las texturas plisadas. Las mangas se fueron abullonando en la zona de los hombros con el avance de la década, con máximos en torno a 1895, para después volver a estrecharse. Un elemento que ya quedó en desuso a estas alturas de la centuria fue el polisón.

Vestido de día. c.1889. Victoria and Albert Museum

Vestido de paseo. 1893. Madeleine Laferrière. Met Museum

Vestido de noche. 1893. Met Museum

Vestido de noche. 1890. House of Drecoll. Met Museum
Se popularizó, no obstante, en esta época el uso del llamado “traje sastre”, entendido como un conjunto de chaqueta, falda y blusa, y que, por tanto, seguía el mismo esquema que el traje de chaqueta masculino. El traje sastre se asoció con las crecientes actividades a las que iba teniendo acceso la mujer como el deporte o los viajes.

Traje sastre. J. Doucet. 1894. París. Victoria and Albert Museum

Traje sastre. 1892. Met Museum
Otra novedad de este final de siglo, en línea con la racionalización de la indumentaria femenina, fueron las llamadas “prendas bifurcadas”, originadas al calor del uso de la bicicleta. Serán los primeros ejemplos de uso de falda pantalón y pantalones anchos (bloomers). Evidentemente, no es de extrañar que muchos se llevaran las manos a la cabeza con estos nuevos atuendos.
Abrigos
Si atendemos a lo que decía la revista Vogue en el otoño de 1893, lo que estaba de moda esa temporada eran los abrigos largos. Había mujeres que usaban abrigos tipo Chesterfield, abrigos de tres cuartos y también mantos, chales con cuello Médici y capas cortas.

Abrigo. 1890.House of Worth. Met Museum

Capa. 1891. Emile Pingat. Met Museum
Complementos
Calzado
El más práctico y extendido eran las botas de cuero o paño, tanto en su versión de cordones como en la de botones. Algunas, incluso, comenzaron a tener la caña más alta y otras se decoraron para encajar también en los conjuntos formales. En lo relativo a los zapatos de tacón, estos solían ser altos.

Botas. c.1890. Met Museum
Botas de noche. c.1890. Met Museum
Zapatos de noche. c.1890. Met Museum
Sombreros
Para el día, se utilizaban sombreros algo más grandes y con menor decoración que las versiones nocturnas o formales. También se empleaba, sobre todo con los trajes sastre, el canotier, en línea con la aproximación a las fórmulas de la moda masculina. Para los eventos, se estilaba un tipo de sombrero más pequeño y ricamente decorado con lazos o guirnaldas. Estos podían responder a la forma de la capota, la capucha o el tocado. En algunos casos, era posible optar por un tamaño grande. Lo que no estaba de moda, bajo ningún concepto, era llevar sombreros medianos.

Canotier. c. 1890.Victoria and Albert Museum
Sombrero. 1890-1895. Met Museum
Capota noche. c.1890. Camille. Met Museum
Otros
Continuamos con la costumbre de llevar guantes, abanicos, sombrillas y pequeños bolsos que ya vimos en la moda de principios del siglo XIX. En este periodo, también son típicos los corpiños, para decorar la zona del busto, o las cintas, para la cintura.

Ejemplo de conjunto completo de mañana. c. 1890. Victoria and Albert Museum

Ejemplo de conjunto de noche. 1892. House of Worth. Met Museum

Ejemplo conjunto de noche. 1894. House of Worth. Met Museum
Cabello
El recogido más común era el moño, alto o chignon, en muchas ocasiones con mechones rizados sueltos en la parte delantera. En general, el cabello no tenía gran protagonismo y se optaba por fórmulas discretas.

Nellie Moore. 1893. CH Sherraden Portraits Collection. Wikimedia Commons

Retrato de Louise Jopling Rowe. F. Hollyer. c. 1890. Victoria and Albert Museum

Erika Törnberg. 1893. Wikimedia Commons














