La moda de principios del siglo XX

La forma de vestir ha ido cambiando a lo largo de los siglos, adaptándose a las necesidades, tendencias e intereses de cada época. La historia de la moda es un continuo, una evolución paulatina que, de pronto, se acelera o frena ante acontecimientos de gran impacto. A inicios de la pasada centuria, muchas de las concepciones arraigadas en la sociedad en materia de vestuario cambiaron en apenas unos años, como reflejo de la revolución que se estaba viviendo en otros muchos aspectos de la vida. Así, la Primera Guerra Mundial marcó un punto y aparte, dando cabida a nuevas formas de entender la moda femenina, que decidió acompañar a sus portadoras en la búsqueda hacia ese nuevo papel que querían tener en el mundo y en su casa.
 

Resquicios del siglo XIX

En los primeros años del siglo XX, la forma de vestir no era más que una extensión y moderada evolución de las modas de finales del siglo XIX. En el mundo anglosajón, se conoce como el estilo eduardiano, al identificarse con el reinado de Eduardo VII (1902-1910). Este periodo, previo a la Gran Guerra, también se reconoce como Belle Époque en francés. En España, eran tiempos de la Restauración. Sea como fuere, las características principales eran más que similares, pues, desde el siglo XVIII, las tendencias cruzaban fronteras resultando en modas muy parecidas entre los países occidentales. Para hacer esta breve incursión partiremos de esa premisa y nos centraremos en la moda femenina, en honor a la protagonista de Papel y Tinta, Elisa Montero, testigo de los cambios que vamos a repasar.

Plate 064. 1893-94 @ Donación de Woodman Thompson para el Archivo del Metropolitan Museum of Art. Public Domain.
Plate 052. 1890-1896 @ Donación de Miss Alevia Lynch para el Archivo del Metropolitan Museum of Art. Public Domain.

Antes de la Primera Guerra Mundial

Aunque la versión más radical del corsé y el uso de crinolinas se habían quedado en el siglo XIX, la mujer del 1900 partió de una figura similar a la de la década anterior. En los primeros años de siglo, se mantuvo la figura en forma de S, gracias al uso de corsés, y largas faldas que pasaron a ser de sirena. Poco a poco, la cintura fue subiendo a la parte inferior del pecho, la falda siguió perdiendo vuelo y las mangas dejaron de abullonarse.

Ilustración moda 1905. Plate 118. 1902-1909 @ Donación de Woodman Thompson para el Archivo del Metropolitan Museum of Art. Public Domain.
Ilustración moda. Plate 005. 1900-1902 @ Donación de Woodman Thompson para el Archivo del Metropolitan Museum of Art. Public Domain.

La silueta femenina vivió su primer cambio del siglo cuando algunos diseñadores, entre ellos Paul Poiret, decidieron recuperar un estilo que recordaba al Imperio (principios del siglo XIX), alejado de la forma en S del corsé. El vestido La Vague, del mencionado diseñador, fue uno de los mayores exponentes de esta corriente. Paulatinamente, agujas, hilos y telas potenciaron patrones que se alejaban de las figuras exageradas de la era victoriana y recuperaban las caídas rectas y suaves - palpable en creaciones como el Delphos de Mariano Fortuny-. Además, la influencia de la moda orientalista y del vestuario del ballet se colaron en creaciones que, si bien no eran para todo el mundo, sí tuvieron hueco y peso en los selectos talleres parisinos.

Ilustración moda 1912. Plate 105. 1910-1913 @ Donación de Woodman Thompson para el Archivo del Metropolitan Museum of Art. Public Domain.

Ilustración moda 1913. Plate 117. 1910-1913 @ Donación de Woodman Thompson para el Archivo del Metropolitan Museum of Art. Public Domain.

En estos años, no obstante, se consolidó el que fue un gran aliado de la mujer de principios del siglo XX: el traje trotteur o traje sastre. Consistía en un conjunto formado por chaqueta y una falda que empezó a acortarse con el paso de los años, dejando ver el tobillo. Este detalle, que facilitaba los movimientos, fue cada vez más valorado por las mujeres, que lo fueron adaptando a su vida cotidiana, sobre todo como conjunto de día o de paseo. Se completaba el atuendo con una camisa que podía subir hasta el cuello. Esta composición fue uno de los primeros pasos que dio la vestimenta femenina hacia la modernidad y la adopción de una estética más varonil. Muestra de ello son sus dos discutidos orígenes: el traje masculino y el traje hípico, una de las escasas actividades deportivas que estaban bien vistas entre las mujeres de clase alta.

Ilustración moda 1912. Plate 103. 1910-1913 @ Donación de Woodman Thompson para el Archivo del Metropolitan Museum of Art. Public Domain.

Los sombreros y tocados aumentaron de tamaño en la década de 1910 y se siguieron decorando con plumas, flores o telas. Bajo estos, recogidos que, tras abultarse, volvieron a pegarse a la cabeza. Algunos de estos moños simulaban una melenita corta, por debajo de las orejas. No obstante, el paso hacia el corte definitivo - con tijera de por medio- tardó unos años en llegar. Las sombrillas y los guantes, complementos obligados en trajes de mañana y noche, siguieron acompañando a las mujeres, adaptándose a su forma de vida y nivel adquisitivo.

Ilustración moda 1912. Plate 008. 1910-1913 @ Donación de Woodman Thompson para el Archivo del Metropolitan Museum of Art. Public Domain.

Después de la Primera Guerra Mundial

Aunque muchas mujeres llevaban largo tiempo aportando un salario a la unidad familiar – sobre todo, en las capas más humildes de la sociedad-, el estallido de la Gran Guerra obligó a que una gran cantidad de ciudadanas ocuparan los lugares dejados por los hombres que partían al frente. Este hecho aceleró y consolidó la presencia femenina en la vida pública, en trabajos de diversa índole – pese a que algunos continuaron estando reservados a los varones que regresaron del campo de batalla-.

Ilustración moda 1917. Plate 120. 1914-1920 @ Donación de Woodman Thompson para el Archivo del Metropolitan Museum of Art. Public Domain.

En este momento, se acentuó una necesidad que primó sobre todas las demás: la comodidad. Al amparo de esta, que se había colado en el guardarropa femenino a finales del siglo XIX, se generalizó el uso del sujetador – patentado por Mary Phelps-Jacobs en 1914 – como sustituto definitivo del corsé. Esta prenda había acompañado a las mujeres (trabajadoras o no) durante siglos y, aunque demonizada en exceso a posteriori, sí es cierto que presentaba más condicionamientos que el sencillo sujetador. Las faldas siguieron acortándose y llegaron hasta la rodilla, continuando así el camino iniciado en la década de 1910. Así mismo, la silueta recta, sin patrones que constriñeran la forma natural del cuerpo de la mujer, terminó de popularizarse y buscó fórmulas cada vez más andróginas y liberadoras.

Ilustración moda 1918. Plate 003. 1927-1928 @ Archivo del Metropolitan Museum of Art. Public Domain.
Ilustración en revista Elegancias. Número 6. Junio 1923 @ Biblioteca Nacional de España.

El cabello, que acostumbraba a llevarse largo, aunque recogido, se cortó a la altura de la barbilla. Año a año, la melena parecía acortarse, acercándose a las orejas, y se popularizaron dos estilismos entre las mujeres más atrevidas: el garçonne y el bob. Los sombreros cloches y las capelinas, concebidos sin grandes adornos, pasaron a ser el complemento de esta nueva forma de peinarse. A lo largo de la década, la tendencia fue a la progresiva reducción de tamaño y ala. Además, gracias a las aportaciones de un grupo de diseñadoras formado por Gabrielle Chanel, Madeleine Vionnet, Elsa Schiaparelli y Jeanne Lanvin, se introdujeron, entre otras innovaciones, el negro como color de la elegancia, el bronceado como elemento favorecedor o el corte al biés.

Revista Elegancias. Página 18. Número 6. Junio 1923 @ Biblioteca Nacional de España

Revista Elegancias. Página 29. Número 47. Junio 1926 @ Biblioteca Nacional de España. @ Biblioteca Nacional de España

En este contexto, aparecieron las flapper (también llamadas garçonnes o taquimecas, según el país, con significados similares), que llevaron la liberación de la mujer un peldaño más arriba, cuestionando los convencionalismos en distintos ámbitos de la vida como, por ejemplo, el matrimonio o el ámbito profesional. A menudo, se confunde la totalidad de la moda de los años veinte con una estética concreta de las llamadas "flappers" : esa dama, de cabello garçonne o bob, vestido corto de tirantes y abundantes joyas y adornos, que fuma y bebe en público, después de bailar con un desconocido un charlestón.

Art Goût Beauté Feuillets de l' élégance féminine, Février 1926 No. 66. 6e Année, p. 20 @ Rijksmuseum, CC0, via Wikimedia Commons

Efectos de la Gran Depresión

Con el crack del 29, los felices años veinte se dieron por liquidados y se inició una nueva etapa en todos los sentidos. También en la moda. Si en los últimos años de la década se había llegado al límite de la silueta y las formas andróginas, el cambio a la década de los treinta supuso un freno y, en cierta medida, una vuelta a influencias pasadas. Lentamente, las mujeres se dejaron crecer el pelo, aunque no tanto como antes de 1920, y se popularizaron las ondas, los rizos tubo y los moños. Lo mismo ocurrió con la falda, que, si bien no regresó al tobillo, sí se alargó, junto con las mangas de blusas y vestidos. La cintura volvió a subir y a ceñirse, pues el ideal de silueta femenina comenzaba a corresponderse con la delgadez y la figura atlética de la que gozaban las actrices de Hollywood.

Ilustración de moda 1930. Paris Chic. No. 404 Creation Martial et Armand @ Rijksmuseum, CC0, via Wikimedia Commons
Ilustración de moda 1937.Twee vrouwen 8002 Karemy 8003 Cariciosa @ Rijksmuseum, CC0, via Wikimedia Commons

Para adaptarse a la crisis reinante, las casas de moda comenzaron a emplear materiales más baratos, accesibles sin necesidad de pagar aranceles, como, por ejemplo, el algodón o el sintético nylon. Los grandes almacenes, cada vez presentes en más ciudades, se dedicaron a replicar los modelos de los talleres más selectos dando lugar a la generalización del prêt-a-porter. Y, así, en el cambio a una década todavía más compleja que la anterior, se inició un proceso de democratización de la moda que se ha ido consolidando, en tiempos de guerra y paz, hasta nuestros días.

Anuncio C&A 1938.C&A Speciale Mantel Aanbieding Opdrachtgever:adverteerder- C & A (Amsterdam); i.e. onbekend (unknown) @ Public domain, via Wikimedia Commons