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Poco se habla de...

En este mundo terrenal que compartimos, gozan de excesivo protagonismo ciertos aspectos de la existencia humana, mientras que otros quedan relegados al temible segundo plano. Ese que se difumina en el enfoque, que aparece borroso en el encuadre.

Y es que se habla mucho de las grandes etapas de la vida, de los días icónicos que nadie olvida, de los momentos de gloria marchita y de las fiestas de inenarrable desmadre. Pero hoy me he levantado rebelde, disconforme con este reparto de focos, y quiero alumbrar esos instantes insignificantes que, a menudo, se olvidan con una rapidez inmerecida.

Diseñado por Pixabay_calimiel

Charlas vacuas y profundas rellenan los pareceres acerca de, por ejemplo, el fin de los estudios, el último día de exámenes. Desde las pruebas obligatorias en el colegio hasta las de acceso para la universidad y las oposiciones. Pero, ¿y el día de después?

Cuando todavía sientes la presión de las obligaciones condicionando el ir y venir de tus extremidades. No duermes bien. Porque no duermes bien. Aunque has creído durante un mes que esa noche sería la escogida para reajustar tus horas de sueño con las de un ser humano estándar. No estás satisfecha, pero no repruebas todavía tus decisiones durante ese examen. De hecho, te invade una suerte de amnesia. ¿Acaso toda la información se ha esfumado de tu cerebro? Puede que sí. Te miras en el espejo y ves a una desconocida. Estás entumecida, desorientada….Sin esos papeles que te protegían del siguiente paso, de tu próxima decisión.

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Bocas y brochas artísticas han elevado a quinta esencia los momentos de máxima inspiración, las horas mejor empleadas de la humanidad. Esas jornadas que te dejan rota, pero con ese cansancio dulzón que produce el haber aprovechado el tiempo. Sin embargo, ¿qué hay de los días de solemne aburrimiento?

Deambulas por tu casa, buscando un rincón mullido en el que aposentar tu desidia. Hay quien se siente culpable. Hay quien no. En realidad, no te apetece hacer nada, pero te conformas con ese estado semi despierto que te permite aferrarte a la ficción para evadirte de tus rutinas. Tu uniforme es libre y suave. Las tazas bailan alrededor, entre gastadas y llenas y pringosas, y te prometes mil veces que el día siguiente harás algo de utilidad. Pero la improductividad te ha abrazado fuerte y no sabes deshacer sus atractivos lazos.

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Conferenciantes y gurús aconsejan aquí y allá cómo tomar decisiones, cómo organizar las baldosas amarillas que conformarán tu camino. Certezas y resoluciones son los instrumentos con los que se crea la magia, el éxito, el estrellato del ciudadano ejemplar. No obstante, ¿qué ocurre cuando no tienes ni idea de lo que quieres hacer?

La indecisión es un caramelo que mantenemos bajo la lengua durante mucho tiempo. Pensamos, creemos, soñamos, borramos, nos bloqueamos, saltamos, gritamos, borramos… ¿Quién quiero ser? ¿Qué pretendo lograr? Hurgamos en nuestras profundidades tratando de hallar la fuente de la eterna certidumbre sin percatarnos de que no, no existe. Nos escondemos detrás del cliché que tenemos más a mano y nos dejamos fluir por el espacio que habitamos hasta encontrarnos de frente con nuestro rostro, ansioso de explicaciones, de determinaciones.

Diseñado por Pixabay_Juampi69

Risas y llantos recubren victoriosos escenas a lo largo y ancho de una sociedad cada vez más expansiva. La compañía se presupone, se precisa como tarjeta de entrada a la clase normal menos normal de todas las conocidas. De acuerdo, pero ¿y qué hay de malo en la soledad?

Nos acompaña con mayor frecuencia y la marginamos por el mero hecho de ser eso: soledad. Como si relamerse los labios de tus últimos sueños sin dormir mientras caminas, ríes, estás tumbada en tu cama, lees, escuchas música o cuentas tus deseos no fuera una digna forma de felicidad. Como si te hubieras censurado del derecho de estar contigo misma. Como si realmente creyeras que necesitas ese billete en primera, ese abrigo constante de sujetos ajenos que llenan de significado tu respiración. Como si bailar con tu sombra no pudiera conformar un recuerdo único. Ese recuerdo único.

Diseñado por Pixabay_makunin

Poco se habla. Mucho se dice. Yo solo comento y me reencuentro con esos diminutos flechazos con el aburrimiento, la soledad, el cansancio y la indecisión. Porque ellos también fueron, alguna vez, mi verdad.

Todas las imágenes de este post han sido diseñadas por Pixabay: imagen destacada (Lukas_Rychvalsky), 1 (calimiel), 2 (cuncon), 3 (Free-Photos), 4 (Juampi69) y 5 (makunin).